¿De dónde viene la fiesta granadina más celebrada en la provincia? Los inicios de las Cruces son un misterio sin resolver…

Tiempo de lectura: 4 minutos

La fiesta de los granadinos

 

Si hay una fiesta colorida y querida por todos los granadinos, esa es la de las Cruces. Los patios, las plazas y las calles se adornan de cruces de flores, normalmente compuestas de claveles rojos. A su alrededor se colocan macetas, cuadros, mantones y varios elementos representativos de la provincia.

 

 

Estas fiestas vivieron una época de esplendor en los siglos XVIII y XIX, aunque han tenido su auge en las últimas décadas. Si miramos atrás en busca de sus orígenes, podemos encontrar las primeras referencias escritas en el siglo XVII, coincidiendo con la aparición de las hermandades. Aunque el origen concreto es muy difuso, podemos concluir que las Cruces tienen su pasado repartido entre fiestas paganas y católicas.

 

El difuso origen de las Cruces

 

La mitad de origen pagano es la fuente del misterio de las Cruces, ya que ha habido multitud de civilizaciones que han celebrado la llegada de la primavera y es complicado ubicar un punto de partida concreto, más aún si tenemos en cuenta que ha sido una fiesta muy común a lo largo de toda Europa desde hace siglos. Los griegos rendían culto al dios de la primavera, Attis, y los romanos a la diosa Flora. En Inglaterra se vinculan las cruces con la leyenda celta de Beltane o ‘Fuego brillante’; en Francia con la Reina de Mayo o Reina Maya. En Suecia se elegía al Conde de las Flores en el transcurso de una verbena popular. Todas estas fiestas eran consideradas paganas por la Iglesia, que quiso eliminarlas o al menos, sacralizarlas.

Y es precisamente al intervenir la Iglesia cuando la historia se aclara… pero no del todo. Cuenta la leyenda que el emperador Constantino el Grande vio la cruz en sueños antes de una batalla de la que salió vencedor, y tras esto pidió a su madre que la buscara donde la vio, que resultaba ser el mismo Monte Calvario. Tras encontrarla en su ubicación original el emperador empezó a simpatizar con el cristianismo hasta finalmente legalizarlo en el Concilio de Nicea en el año 325. Es a esta historia a la que se acogió la Iglesia mucho después para sustituir el árbol, símbolo pagano (o vikingo) que coronaba las fiestas primaverales, por la cruz cristiana.

 

Las tijeras y el pero

Lo que sí es una tradición de nuestros días y debe faltar en ninguna cruz es una manzana con unas tijeras abiertas clavadas, que simbolizan el corte de la crítica ante la competitividad que puede surgir entre los vecinos. A las cruces no se les debe poner ningún pero

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