Nuestros sentidos están relacionados entre sí. En la mesa se requieren los cinco en acción, donde el oído y el gusto van de la mano. Algunos sonidos tienen la capacidad de estimular unos sabores u otros en nuestro paladar, provocando una sensación que acompaña la comida, y en otras ocasiones, todo lo contrario. De ahí que se popularizara la música en espacios destinados a la restauración. ¿Quieres conocer la historia del hilo musical en España?

El granadino que inventó el primer hilo musical

Para entender la historia del invento hay que poner la mirada en la España de después de la Guerra Civil. El granadino José Val del Omar, cineasta y natural de Loja, había estado soñando con un sistema de transmisión de sonido que amenizara las largas esperas de los circuitos de tranvía. Su idea fue implementar una serie de altavoces en algunos de los puntos más emblemáticos de Valencia, a donde se trasladó para poner en marcha su proyecto. Lugares como el Mercado Central, la estación Norte o la torre de Quart se llenaron de altavoces que llegaban para entretener al público entre parada y parada. Aquello fue algo revolucionario, casi estrambótico a pesar de que la radio ya existía por aquel entonces.

 

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Fuente: Valenciaplaza.com

 

El invento fue bautizado como circuito perifónico, que viene a significar algo como “sonidos en la periferia”. Corría el año 1939 y aquello sirvió para empezar a popularizar la música como algo más que un producto exclusivo del transistor. También empezaron a tener cabida los anuncios auditivos que hoy en día aún se recuerdan con divertida nostalgia. Lo cierto es que Val del Omar dejó un legado audiovisual impresionte para la época que vivió, llena de barreras culturales y tecnológicas. Además de un gran cineasta e inventor, fue el hombre que puso en escena el concepto de hilo musical, que no se consolidaría en España hasta finales de los 70. Durante aquellos años, con la clara influencia del circuito perifónico, surgieron los estilos musicales Ambient y Easy Listening, que fueron los que escribieron la historia del hilo musical y de la radio, respectivamente.

 

El protocolo musical en la mesa

 

Muchos chefs ya no conciben su espacio de trabajo sin ese condimento añadido que es el hilo musical. Hoy en día es un elemento más de la hostelería, casi una tradición española, aunque no todos necesitan adaptarse a este formato: la música en un establecimiento sirve para ocultar sonidos de poca etiqueta: el ruido de un cubierto al chocar con el plato, las comandas a la cocina, alguna silla arrastrándose… Claro que la función del hilo es algo más que hacer de barrera acústica ante estos sonidos; la música no debe provocar que los comensales suban el tono al hablar. Con lo que todos los hilos musicales tienden a ser elegantes, tranquilos y suaves, por eso la elección para los hilos musicales suele ser la música clásica. Si no, puestos a crear imagen de marca, el jazz, blues, soul y derivados siempre suponen un elenco fiable para conseguir un local de caché.

 

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Fuente: npr.com

 

Sabores y sonidos

 

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Seguro que en tu infancia escuchaste que si hueles una cosa mientras comes otra, esta te sabrá a lo que estás oliendo. Pasa lo mismo con la música, y no es casualidad; este efecto tiene el nombre de sinestesia, la sensación conocida cuando se da una reacción en una parte del cuerpo a base de un estímulo provocado en otra. De modo que no hay duda: el acompañamiento de un sonido afecta al sabor que percibimos en la comida. El oído hace de ‘escenario’, nos transporta a una atmósfera en la que nuestro plato es parte de la esencia del lugar. Numerosos estudios afirman que la música entra mejor si comparte orígenes con el plato que tenemos delante. Por ejemplo, un plato de pasta sienta mejor con música clásica, una paella mejor con flamenco, o un mojito mejor con samba. También se señala que la música lenta ayuda a comer a un ritmo más apropiado y a que sabores y olores permanezcan más tiempo en la boca. Por contra, un ritmo más acelerado como puede ser el del rock, pop o música electrónica, ayudan a conseguir otro tipo de efecto, a veces la prisa por comer, por eso solo veremos estos estilos en locales enfocados a la comida rápida.

 

Los sonidos del vino

 

Si hay un elemento estrella en el arte del maridaje, ese es el vino. No es diferente al mezclarlo con música: ambos elementos tienen un abanico infinitamente amplio de sabores y sonidos, por lo que relacionarlos supone todo un desafío a la sinestesia y a cualquier efecto que tenga lugar en nuestros sentidos. Un estudio de la Universidad Politécnica de Valencia tiene la intención de demostrar científicamente que la relación entre sabor y sonido existe, y para ello han elegido la comparativa entre las variedades del vino de Jerez y los distintos palos del flamenco. El estudio emplea instrumentos médicos de alta precisión para tener encefalogramas y registros de frecuencia cardíaca que revelan el resultado del maridaje entre cada vino y cada canción. El estudio aún no ha terminado… ¿serán capaces de arrojar más luz al asunto? Os mantendremos informados en nuestras redes sociales.

 

Como ves, se han relacionado estos dos sentidos desde siempre, estableciendo todo tipo de vínculos entre estilos musicales/sonidos y sensaciones en el paladar. Al final, parece claro que hay una conexión entre ambos sentidos, aunque puede que el resultado sea algo realmente subjetivo y propio de cada persona. ¿Has pensado en que tu música favorita podría tener alguna relación con los platos que más acostumbras a comer?

Si te ha gustado la relación que mantienen música y comida, mira en nuestro blog lo que pasó cuando se unieron comida y pintura.

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